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El Gran Oriente de la Franc-Masonería del Uruguay se suma en el día de hoy a la celebración del Día Nacional del Libro, que recuerda el momento en el que fue fundada nuestra Primera Biblioteca Pública Nacional, la cual se instaló en los altos del fuerte de Montevideo un 26 de mayo de 1816, la actual Plaza Zabala.

La idea de la necesidad de crear una Biblioteca pública nació un poco antes, un 4 de agosto de 1815, el Presbítero Católico y Francmasón  Dámaso Antonio Larrañaga envió una carta al Cabildo en la cual proponía suplir con buenos libros la falta de maestros e instituciones, planteando la necesidad de crear una Biblioteca Pública para que el saber este a disposición de los jóvenes y de todo aquel que asi lo quisiera siendo una forma de impulsar la igualdad y la libertad de los ciudadanos y ciudadanas al acceso del conocimiento, construyendo civilización.

El propio Larrañaga se ofreció para desempeñar la función de director solicitando un edificio para instalarla, a lo que responde José Artigas: «…yo jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a cualquier obra que en su objetivo llevase esculpido el título de la pública felicidad. Conozco las ventajas de una biblioteca pública y espero que V.S. cooperará con el esfuerzo e influjo a perfeccionarla coadyuvando los heroicos esfuerzos de tan virtuosos ciudadano…».

Pero el edificio necesitaba nutrirse de libros, a lo que al poco tiempo comenzaron a llegar de parte de varios ilustres ciudadanos importantes donaciones y aportes de libros para la nueva Biblioteca, algunos de ellos fueron el presbítero José Manuel Pérez Castellano quien legó un importante acervo bibliográfico, a los que se sumaron los libros aportados por José Raimundo Guerra, los franciscanos y el donativo del propio Larrañaga quien ya poseía en aquella época una vasta colección

Larrañaga en su carácter de director, en el pronunció la «Oración Inaugural»:

«Una biblioteca no es otra cosa que un domicilio o ilustre asamblea en que se reúnen, como de asiento, todos los más sublimes ingenios del orbe literario o por mejor decir, el foco en que se reconcentran las luces más brillantes que se han esparcido por los sabios de todos los países y de todos los tiempos. Estas luces son las que el ilustrado y el Gobierno vienen a hacer comunes a sus conciudadanos.»